Un sector en crisis profunda
La actividad yerbatera argentina atraviesa una circunstancia inédita y delicada que compromete la subsistencia de alrededor de 50 mil familias, fundamentalmente en la región del noreste. Actualmente, los productores viven en un contexto de elevados costos dolarizados, alta inflación y la ausencia de regulaciones que históricamente protegían su rentabilidad.
La reciente desregulación implementada por el gobierno nacional, que eliminó la potestad del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) para establecer precios mínimos de referencia, ha intensificado la volatilidad y la incertidumbre en el mercado interno. Esta medida, alineada con una política de libre competencia promovida por el Presidente Javier Milei, provocó que los pequeños y medianos productores se enfrenten a ventas que no cubren los costos de producción, según advierten referentes del sector.
Impacto económico: trabajar a pérdida y la caída en la producción
Julio Petterson, presidente de la Asociación Civil de Productores Yerbateros del Norte (ACPYN), señaló que en el actual ejercicio la rentabilidad es negativa para un sector menos protegido, con pérdidas acentuadas que no se veían en décadas. Petterson calificó esta situación como «la peor época en la historia de la yerba mate», y recordó que en crisis previas los productores al menos pudieron mantener un margen superior al actual.
La caída en la rentabilidad se refleja en una reducción de la cosecha, que en el año 2026 muestra una baja interanual mayor al 5%. A esto se suman las dificultades financieras que generan deudas significativas y la presión para buscar alternativas laborales temporales fuera del país, fenómeno que preocupa por su potencial impacto en la continuidad productiva y social de las comunidades vivas en torno a esta economía regional.
El debate entre mercado libre y regulación estratégica
Desde el gobierno nacional destacan que la liberación de precios generó una reducción en el costo para el consumidor doméstico, situación acompañada por un aumento en los volúmenes exportados, que alienta una visión de mercado más competitivo, según sus líderes. Sin embargo, para los productores y organizaciones que representan a las familias yerbateras, esta dinámica obvia las particularidades de un sector donde factores externos como el tipo de cambio y la inflación en insumos impactan de manera desproporcionada.
El INYM, despojado de facultades regulatorias clave, hoy cumple un rol más limitado que dificulta su capacidad para arbitrar posiciones o generar herramientas compensatorias ante las distorsiones del mercado. Así, la crisis del sector no sólo supone un desafío económico, sino también social y cultural, dado que la yerba mate forma parte esencial de las tradiciones y la identidad regional.
Escenario futuro y requerimientos del sector
En el corto y mediano plazo, las familias que dependen de la actividad yerbatera requieren medidas que puedan equilibrar el costo de producción con los precios de venta para garantizar la viabilidad de sus ingresos. Petterson y otros actores vinculados insisten en la necesidad de contemplar una política que reconozca la especificidad del sector, buscando evitar una mayor concentración productiva y la pérdida de empleo en zonas rurales.
La continuidad de 50 mil hogares argentinos está en riesgo en medio de una transición que conjuga factores económicos globales con decisiones políticas nacionales. Determinar el rumbo de la yerba mate demandará no sólo acciones de mercado, sino también un diálogo sostenido entre gobierno, productores y consumidores para preservar un sector emblemático en la historia y cultura del país.










