Un banco en caída que recuerda el corralito argentino
En pleno centro de Asunción, la repentina clausura de Ueno Bank provocó escenas de tensión que recuerdan el dramático corralito argentino hace 25 años. Ahorristas, preocupados por la inaccesibilidad a sus fondos, protagonizaron enfrentamientos con la policía durante la noche del martes, en reclamo por la seguridad de sus ahorros. La medida preventiva fue ordenada por el Banco Central de Paraguay (BCP) ante la crisis interna de la entidad, que se encuentra bajo investigación tras la detención de todo su directorio.
Incertidumbre y demora presidencial
El presidente Santiago Peña enfrentó una compleja situación institucional al tardar cerca de 12 horas en emitir una respuesta pública. Primero, decidió remover al entonces titular del Banco Central, Carlos Carvallo, y anunció que el Congreso discutiría una ley para autorizar el uso del Fondo de Garantía destinado a comenzar pagos inmediatos a los ahorristas afectados. Sin embargo, estas medidas no lograron aplacar el descontento social.
La demora en la intervención del mandatario abrió una grieta política que la oposición no dudó en explotar, impulsando la posibilidad de un juicio político. La presión en la calle y en el ámbito político refleja el peligro que significa para el actual gobierno la profundización de esta crisis financiera.
Impacto social y político en Paraguay
Las protestas extendidas en Asunción evidencian un descontento generalizado que pone en jaque la estabilidad política. Los enfrentamientos entre ahorristas y fuerzas de seguridad revelan cuán delicada es la situación social ante la falta de certezas sobre los depósitos bloqueados. La exigencia de renuncia para el presidente Peña crece en las calles y en la arena política.
En este contexto, la detención judicial del directorio de Ueno Bank intenta poner un freno al colapso institucional, aunque su impacto completo sobre los fondos públicos y del Instituto de Previsión Social permanece en evaluación. La crisis sume a Paraguay en una incertidumbre que recuerda uno de los episodios más traumáticos de la historia económica regional, con un efecto contagio que puede alcanzar la confianza en el sistema financiero nacional.
Un desafío para la región
La experiencia argentina del corralito sirve como espejo para comprender la gravedad de la crisis en Paraguay. La desconfianza en las instituciones financieras se extiende rápidamente, cuestionando la capacidad del Estado para proteger a los pequeños ahorristas y la legitimidad del gobierno. El episodio de Ueno Bank subraya una vulnerabilidad preocupante en la economía paraguaya, con posibles repercusiones políticas y sociales duraderas para la región.
En definitiva, la caída de Ueno Bank pone en foco la necesidad de fortalecer mecanismos de supervisión financiera y protección social ante eventuales crisis, mientras el presidente Santiago Peña transita un momento de máxima fragilidad política ante el descontento popular y la presión de sus adversarios.










